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Bodocena y el símbolo misterioso: un enigma astur en el Arqueológico

Bodocena y el símbolo misterioso: un enigma astur en el Arqueológico

La Voz de Asturias 03 nov 2022

Museo Arqueológico de Asturias ha incorporado a sus fondos la estela de Bodocena, una lápida funeraria del siglo I hallada en Belmonte de Miranda, una pieza que posee un notable interés histórico por la utilización de un antropónimo indígena, y que fue hallada hace treinta años en una huerta en la localidad de Villaverde, después de haber estado colocada como dintel en una mantequería. La lápida conserva una inscripción cuya traducción sería «Bodocena, hija de Aravo, del castellum Agubrigense, de 12 años, está enterrada aquí». 

 La pieza posee notable interés histórico por la utilización de un antropónimo indígena, inédito en la región, y la referencia al patronímico o filiación aunque el rasgo más destacable en el texto es la inclusión de un símbolo, interpretado por la mayor parte de especialistas como alusión al lugar de procedencia o pertenencia del individuo. La catedrática de Historia Medieval de la Universidad de Oviedo Margarita Fernández ha explicado este jueves que la pieza hallada hace 30 años, la cual permaneció siempre en manos de la familia propietaria, era reconocida por los lugareños que «sabían que tenía letras» pero desconocían «lo que era». En su visita al municipio de Belmonte con motivo del trabajo de campo de la tesis que realizada encontró «un montón de minería aurífera» en todos los asentamientos castreños que estaban sin catalogar, y contactó con Ceferino Marrón, un vaqueiro de Villaverde, quien le dijo que tenía «una piedra que tenía letras».

La investigadora, que regresó en los días posteriores al lugar, comprobó que, según estaba colocada la piedra arrimada a una pared, se podía «leer perfectamente», si bien el análisis le llevó «un poco más de tiempo», en cuya tarea ha recordado la ayuda que le prestó en aquel momento Diego Santos, quien le recomendó que acudiera al Ridea para que «le publiquen la estela rápidamente». Ha desvelado que la lápida inicialmente hacía de dintel en una mantequería, y cuando «se tiró la cuadra» su propietario «guardó la piedra porque era buena para volver a utilizarla en otra cosa». Según ha relatado Fernández, la lápida estuvo colocada en la huerta de la casa del dueño, quien «durante un tiempo cobraba algo por poder verla». 

En el año 1993 la catedrática halló la estela, cuyo hallazgo comunicó al Museo, que en aquel momento «no tenía fondos para poder adquirirla» por lo que la descubridora llevó a cabo una labor de negociación con Marrón y a continuación dio parte a la Consejería de Cultura. La publicación del hallazgo por parte del Ridea y la aparición en los medios de comunicación «truncó» el proceso de compra , ya que «aparecieron los coleccionistas que ofrecieron dinero» al propietario y «no hubo manera de que pasara directamente al Museo Arqueológico porque ya mediaba una transacción económica por medio. 

En Asturias se conocen otros dos ejemplares en los que se consta este signo, si bien ninguna de ellas posee, como la de Villaverde, un contexto arqueológico para el hallazgo material. El contexto de procedencia de la pieza la sitúa en el periodo de explotación de la minas de oro de la sierra de Begega durante la Edad del Hierro y siglo I d.C; informó. EFE